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Scott Jorgensen: Acto Tercero

Cada gran historia se elabora de la misma forma, con una estructura dividida en tres partes: ascenso, descenso y recuperación.


Si una carrera en el octágono puede verse como una historia, entonces el peleador de peso gallo Scott Jorgensen está listo para el tercer acto.

El primer acto comprende desde el 15 de junio de 2006 hasta el 16 de diciembre de 2010 – cuando Jorgensen ganó su primera pelea, una victoria vía sometimiento en el primer asalto sobre Mike Morris en Alaska Fighting Championship 24, hasta el día que perdió por decisión unánime ante el entonces campeón de peso gallo de WEC, Dominick Cruz, en Glendale (Arizona), en la última noche de la historia de la organización durante la cual él cobró notoriedad.

El segundo acto comienza con el debut de Jorgensen en el UFC, cuando noqueó a Ken Stone con una dura mano derecha desde dentro del cierre y se extiende hasta julio de este año, cuando el tatuado peleador de 33 años regresó a la clasificación de las 135 libras y perdió por decisión unánime ante Manny Gamburyan, anotando su séptima derrota en 11 presentaciones en el Octágono.

El tercer acto comienza el sábado, cuando “Young Guns” se enfrente al ganador de la primera temporada de TUF: Latinoamérica, Alejandro Perez, en el programa preliminar del debut del UFC en Monterrey, México.

“Sé que he sido bendecido”, admite el siempre realista Jorgensen. “Por la forma en que peleo y por lo que he hecho, sé que una bendición me permitió conservar mi trabajo durante los recientes recortes. Estoy consciente de eso; no soy idiota. Este deporte siempre se fija en el desempeño de tu última pelea, así que le agradezco a Dios que hayan tenido en cuenta mi desempeño en los previos 21 combates”.

El récord combinado de Jorgensen en esas 21 peleas, divididas entre el WEC y el UFC, es de 11-10, pero una mirada más profunda a ese resultado muestra un peleador con mucho más que solo una victoria a favor en el escenario más importante del deporte.

Anteriormente a enfrentar a Cruz en WEC 53, el exluchador destacado de Boise State University vengó una derrota previa ante Antonio Banuelos, levantó a Chad George de la lona con una desagradable estrangulación de guillotina de pie y se anotó victorias vía decisión unánime ante los emblemáticos de la división Takeya Mizugaki y Brad Pickett.

Desde que hizo la transición al UFC, este padre orgulloso ha compartido el Octágono con algunos de los mejores competidores de peso gallo y peso mosca, como Renan Barao, Eddie Wineland y Urijah Faber en las 135 libras antes de bajar de peso para medirse con Zach Makovsky, Jussier Formiga y Wilson Reis, y regresar luego a su legítima división de peso cuando perdió ante Gamburyan en San Diego a comienzos del verano.

“He pasado los últimos cinco años desde que enfrenté a Dominick preguntándome: ¿cuántos más combates deberé librar para disputar nuevamente ese cinturón?”, explicó Jorgensen. “Esa ha sido siempre mi meta, y mientras pienso que la meta de todos en el UFC es pelear por el cinturón –ganarlo y ser campeón– al hacer eso comencé a mirar muy lejos de donde yo estaba en mi carrera. Este deporte se desenvuelve pelea a pelea, asalto por asalto, minuto a minuto. Lo que haga ahora determinará dónde terminaré y creo que yo había perdido esa noción.

“Bajar a las 125 libras fue la peor decisión que he tomado”, dice sin rodeos, la frustración del experimento fallido permeable en la voz. “Nunca debí haber estado ahí”.

Si bien su regreso a la división de peso gallo no resultó tan bien como se había planeado, Jorgensen no piensa quedarse lamentando el revés ni pensando cuántas victorias más necesitará para volver a pelear por el título.

Comenzó a trabajar con el Dr. Jim Afremow, un psicólogo deportivo, entrenador mental y autor de “The Champion’s Mind: How Great Athletes Think, Train and Thrive” (La mente del campeón: cómo piensan, entrenan y prosperan los grandes atletas), quien lo ha ayudado a cambiar la forma de pensar acerca del entrenamiento y de sus presentaciones en el Octágono, mientras lo acercó al enfoque que lo ayudó a ascender hacia la cima y disputar el oro de peso gallo hace cinco años.

“Esto no tiene nada que ver con la edad ni el corazón”, mencionó Jorgensen acerca de sus momentos difíciles en el Octágono. “Yo permití que perder la pelea por el campeonato me afectara, y todo lo siguiente se convirtió en una misión para volver a ese punto. Es una pena porque hay tanto más para hacer en este deporte antes de disputar el título y lo sé porque así fue como llegué a pelear por el cinturón.

“Ahora no me enfoco en otra cosa que no sea disfrutar del entrenamiento, en prepararme para lo que se avecina, y en eso me destaco. No necesito hacer nada más. Solo necesito prepararme para competir el 21 de noviembre y el resto se acomodará solo”.

Ahora que se aproxima su combate con Perez, habrá gente que leerá esto o escuchará a Jorgensen hablar acerca de aproximarse a la cima paso a paso, pelea a pelea, y se mofarán de él mirando su récord, atribuyendo su confianza en sí mismo al mismo tipo de habladurías frecuentes con que la mayoría de los peleadores predicen una victoria vía nocaut cada vez que se están preparando para poner un pie dentro de la celda.

Habrá gente que lo descartará, gente que lo catalogará como un exretador al título de 33 años que “ya no pertenece en el UFC” o “este nivel le queda grande”.

Él lo sabe, está listo, y actualmente ya no le presta atención a nada de lo que la gente, que no pertenece a su familia, diga de él.

“Desde que disputé ese título, cada vez que libraba una pelea me preocupaba lo que la gente opinaba en Twitter y en la prensa, me preguntaba qué dirían, qué harían; pasar vergüenza era lo que más me preocupaba. Soy una persona muy orgullosa y permití que eso afectara también mi desempeño.

“Ya no me importa”, se ríe. “No tengo que probar nada. No le tengo que probar nada a la prensa. No le tengo que probar nada a los seguidores. Mi familia me quiere no importa lo que pase. Mi hijo es mi mayor seguidor, así que ¿a quién más debería probarle algo? Voy a entrar al Octágono, haré lo mío, si te gusta ¡fantástico! Si no, para ser honesto, vete al diablo.

“Sé que hay mucha gente que se queja y lamenta porque hay otros peleadores que quedaron fuera por menos, pero yo soy un gran guerrero; el UFC me ha conservado por una razón y es que soy uno de los mejores del mundo.

“Estoy a punto de escribir la historia de uno de los más grandiosos retornos”, agrega. “Hace cinco años que peleé por el título y a este combate llega una nueva versión de ‘Young Guns’. Victoria a victoria, voy a escribir la historia del mejor regreso posib